Cómo afrontar una relación después de mucho tiempo soltero

Tan variadas son las personalidades en el mundo como la cantidad de personas en él y, aunque los psicólogos se empeñen en colocarnos en categorías, cada personalidad es el resultado de una serie de factores que, sintetizados a lo largo del tiempo, nos definen como individuos.


Entendemos que somos diferentes, o por lo menos eso decimos, pero cuando hacemos una crítica a alguna acción de un tercero, por dar un ejemplo cualquiera, no recordamos que esas acciones corresponden a vivencias personales de cada ser. Y esto mismo pasa cuando ofrecemos un consejo: la orientación corresponde a lo que muy personalmente pensamos sobre cómo reaccionaríamos frente a una situación en particular, y muy pocas veces tomamos en cuenta el pasado y la forma de manejarse de la persona que recibe el consejo.

Entre las muchas personalidades del mundo, soy del tipo de hombre al que no le gusta discutir con su pareja. Y créanme que, después de varios años, han sido muchas las situaciones que pudieron haberse salido de mis manos. Hace algún tiempo tuve una pareja, y con ella tenía una especie de mecanismo que se activaba automáticamente cuando una conversación comenzaba a volverse un tanto agresiva: recurríamos a una frase en forma de chiste –que me reservaré y eso hacía que tomáramos todo en tono de broma, era nuestra forma de decir no quiero pelear, pero no siempre funcionaba.

En algún momento de nuestra relación, mi pareja dejó de hablarme durante aproximadamente cinco semanas… sí, CINCO SEMANAS… y tal vez se estén preguntando qué rayos hice para que eso pasara, he aquí la explicación:

Tiendo a ser muy activo en la red social Twitter, pero sigo a muy pocas personas debido a mi carácter, soy bastante sincero y sólo sigo a quienes sé que pueden manejar mis comentarios. El caso es que una de las personas a las que sigo, y cuyos tweets se encuentran protegidos, suele colocar avatares algo subidos de tono pero sin llegar a lo vulgar. En esa oportunidad subió un avatar que consideré ‘decente’ comparado a los que normalmente usa y decidí hacerle una broma junto a otro usuario, un amigo en común. Comenzamos a bombardear su cuenta con tweets preguntándole si se sentía bien de salud mental o si simplemente había incursionado en alguna actividad religiosa, todo en forma sarcástica. En uno de mis tweets escribí algo parecido a esto: ese avatar no va contigo, enseña ‘carne’ que a eso nos tienes acostumbrados y hasta agregué algo como me regañarán por esto.

Mi pareja no era muy activa en esa red social y no pensé que mis escritos supondrían algún problema, lo que no sabía es que aunque no escribía mucho, sí leía lo que yo publicaba y me enteré de la peor manera pues su malestar, por mis trinos, hizo que me ganara el peor de los castigos: su indiferencia.

En medio de sus reclamos me dijo lo mal que se sentía y de cómo le había faltado el respeto, entre otras cosas. Yo me mantuve controlado en todo momento ya que realmente no le daba importancia al asunto, pero no se lo hacía saber por respeto a lo que estaba sintiendo. Cuando estás en pareja debes aprender que algo tonto para ti, es muy importante para él o ella.

Al final del día yo mantuve la calma, sin darle mucha importancia a mis acciones, pero sí muy pendiente a lo que mi pareja sentía, eso era lo que realmente me preocupaba. Le pedí disculpas mil veces pero no las aceptó y fue entonces, en algún lugar dentro de todas sus palabras, cuando dijo algo que me hizo entender todo:

¿Sabes qué, Neouomo?   –odio que me llame por mi primer nombre   yo esperaba eso de cualquier otro hombre, menos de ti.

¡Aleluya!, dije en mi mente ya calmada, no fue lo que hice yo, sino lo que hicieron los anteriores a mí. No sé qué pasó con ellos, pues casi nunca hablábamos de nuestro pasado, pero comprendí que mis tweets hicieron que volviera a un momento de su vida en el que la desconfianza fue la protagonista.

Más allá de lo que dije en mis tweets, le di importancia a lo realmente necesario: sus sentimientos por lo sucedido. Le pedí disculpas porque, aunque para mí no era algo grave, mis acciones hicieron sentir mal a la persona que amaba y eso era algo que no iba a permitir.

Cuando amas de verdad entonces dejas de lado la prepotencia, y bajas la cabeza mientras pides disculpas por algo aunque creas que es lo más tonto del mundo, no pides disculpa por lo que hiciste sino por lo que hiciste sentir. Mides tus palabras y tus acciones porque, cuando estás en pareja,  entiendes que todo lo que haces se proyecta en ese ser que amas y te ama de vuelta.

Así fue como dejé de ser yo para dar paso a un nosotros, logré comprender que su personalidad está cargada de sus vivencias y hasta la más tonta de las acciones puede desencadenar sentimientos del pasado; sólo hay que sentarse, callar y escuchar atento por un rato… a veces aprendes más si logras ver lo que no es obvio a tus ojos.

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