El cuento del Príncipe Avellana

Rick Day
1.90 metros, cuerpo delgado y marcado, piel blanca como la leche y unos grandes ojos avellana. Daniel es un hombre imponente que se roba las miradas en todo sitio al que entra.

Seguro de sí mismo, no teme mostrar su sonrisa para lograr lo que quiere, y es que nadie se resiste a su mirada perfectamente manejada en un tono tímido, posiblemente muy bien aprendido durante toda su vida.

La ropa le ajusta a la perfección, sin apretar demasiado ni soltarse lo suficiente. Pareciera estar diseñada con la intención de encajar como pieza de rompecabezas.

Habla en un volumen bajo cuando quiere que se acerquen a él, mira sin disimulo cuando alguien le gusta, sabe que su físico es su jugada maestra y nadie se había negado a estar con él... hasta que me encontró en su camino.

La relaciones van más allá de atraerse y sentirse cómodos el uno con el otro, tal vez es la mayor falla de aquellos que se lanzan de lleno con alguien sólo por tener estos dos elementos a favor. Desde los intereses, el día a día, hasta la forma de invertir el tiempo libre, son puntos que debemos darle la importancia necesaria. Parece tonto pero te evitará muchos inconvenientes a futuro.


Nunca he sido un hombre atractivo pero, como dice una gran amiga, todos tenemos algo que gusta de alguna forma u otra. Conocí a Daniel por medio de un amigo en común, él esperó la primera oportunidad para pedir mi número telefónico. 


Las primeras conversaciones con una nueva persona siempre llegan a ser medio extrañas, ninguno de los dos puede mostrarse tal cual es, deben ir conociendo la zona para sentirse cómodos y saber si pueden mostrar aspectos de tu personalidad, y esta no fue la excepción. 


Siempre me he considerado un viejo prematuro, mi vida nunca incluyó alcohol, discos, salidas nocturnas. Soy el tipo de hombre cuyo sábado perfecto es con comida chatarra y una pantalla de TV frente a mí. Todo esto ha hecho muy difícil tener amistades, así que podrás imaginarte las relaciones.


A Daniel le gusta la movida nocturna; tomar, bailar y disfrutar en las discos, él disfruta la edad que tiene y es algo que no puedo criticar. Pero por otro lado, ¿qué sería de nosotros si fuéramos pareja? Imagina por un momento un sábado, ¿estaríamos en casa o en la disco? ¿Se aburriría junto a mí o me abrumaría junto a él? ¿Cuántos problemas y discusiones podríamos tener sólo para decidir qué hacer el fin de semana?


Si sólo me centro en la atracción y la conexión entre nosotros entonces ya estaríamos juntos o quizá ni a un mes hubiésemos llegado. Daniel no aceptó de muy buena forma mi rechazo, tal vez fui el primero en hacer eso en su vida pero eso no es importante en este momento. 


Llegas a una edad en la que sabes que perder el tiempo no es una opción y que la soltería puede ser tu mejor compañera.


Daniel tiene confianza en sí mismo, demasiada diría yo... ya le llegará alguien que quepa en su estilo de vida.

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